¡Ya estamos en Alemania!

Al fin hemos llegado a la nueva casa, a Cottbus, ahora nos estamos asentando. Llegamos el sábado de madrugada, así se puede decir que ya vivimos en Alemania desde ayer.

Como ya te conté otro día, para hacer este viaje nos hemos dividido. Por un lado Daniel en coche, que ha tardado 3 días. Y por otro, Naím y yo hemos venido en avión.

¿Cómo ha sido el viaje?

El sábado es cuando comenzó para mi el viaje (Daniel lo tuvo que empezar el jueves).

Antes de coger el avión, tuve que dejar el coche en el garaje del aeropuerto, porque vamos a dejar uno allí. Y desde allí me llevaron en furgoneta hasta la puerta del aeropuerto.

Después tocaba la parte más rollazo de viajar en avión: pasar por la cinta de seguridad. Hay que desmontarlo TODO. Menos mal que fui con tiempo, que relajada y sin prisas se pasa mejor. Como te pongas nerviosa y se te olvide sacar algo, ya ralentizas todo el proceso. De todas formas, si vas sola con un bebé, no te ponen muchos impedimentos.

Una vez dentro, ya sólo queda esperar a que digan la puerta que se va a abrir para tu vuelo. Tenía casi 2 horas por delante, así que me metí en la sala VIP donde hay comida y bebida y la espera se hace más llevadera.

Pues tengo que decirte que el tiempo se me pasó volando allí, porque Naím estuve todo el rato paseándose de un lado a otro trasteándolo todo, así que me tocó estar pendiente y velar por la integridad del mobiliario :S Le ha cogido el gusto a andar y ahora no hay quien lo pare. Mejor, así se cansa antes de montar al avión.

Embarcamos sin problemas. Iba cargada de bártulos pero me las apañé bien, lo que se podía facturar me lo quité de encima y lo que no, pues me tocó llevarlo a cuestas. Pero es sólo el paseo dentro del avión.

El avión tarda 3 horas y media en hacer el trayecto Málaga-Berlín, y no se me hizo largo. Naím se tiró todo el viaje durmiendo (bendita teta) y yo a ratos dormida a ratos zombie. Así que genial.

Al bajar del avión recogí todo lo que había facturado, y cuando estaba buscando la salida hacia la estación de tren… ¡sorpresa! Estaba Daniel esperándome. Había llegado muy pronto y se había pasado a recogernos en coche, entre otras muchas cosas más como:

  • Sacar todas las cajas del coche él solo (a algunas cosas le ayudó el vecino de abajo que casualmente tiene una hija de la misma edad) y subirlas a la nueva casa, que está en un tercero sin ascensor.
  • Se fue a comprar comida para el día siguiente, que era domingo e iba a estar todo cerrado.
  • Y también le puso las sábanas a los colchones para que pudiéramos dormir y colocó algunas bombillas en la casa para tener luz.
Estos son los colchones que consiguió Daniel unas semanas antes.

Y menos mal que se lo curró, porque llegamos a la 1:00 de la madrugada a la casa, y a esas horas lo único que nos apetecía era caer redondos en la cama. Y eso es lo que hicimos.

Con la luz y el descanso, al día siguiente pudimos ver la casa en condiciones y fijarnos en más detalles. Resulta que tiene más escondrijos de lo que acostumbramos en España. Pero, este post lo voy a terminar aquí, para que sepas que llegamos sanos y salvo, y en otro te enseñaré cómo es la casa, ¿vale?

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